23/1/09

Barbas

* En la foto aparece el autor, Carlos Franqui y Fidel Castro.

Las barbas símbolo de la Revolución.
Cuantos barbudos?
Unos dos mil
Fidel usa sus parábolas bíblicas.
Los Doce.
El numero mítico bien contado en conversaciones televisivas, tiene algo de la épica del oeste norteamericano y de la antigua Biblia.
Doce hombres y un Cristo-Fidel, subiendo la montaña, nos habrá liberado del mal de la tiranía.
Doce barbudos y el héroe bueno, bajado de la Sierra nos ofrecían la salvación.
Mágicamente desaparecen clandestinidad, 26, huelgas, la toma de Cienfuegos, el asalto al Palacio, Frank, Jose Antonio Echevarria, los frentes guerrilleros. Los sabotajes. Santiago. El Directorio, acusado injustamente de ocupar armas en San Antonio, es presentado como un grupo ambicioso que quiere dividir la revolucion.
Liquidado.
El pueblo, protagonista verdadero de la victoria, debe agradecer la libertad a los heroes.
(Pensaba: la lucha, la guerra, se hicieron y se ganaron con la verdad. El poder se hace con la mentira.)
Porque cuando eramos débiles, la verdad,
y ahora que somos fuertes, la mentira?
Endiosamiento?
Sobreestimación?
Caudillismo?
Algo más.
Poder paternal. No poder popular.
Fidel es la Trinidad: el 26, rojo y negro, el verde olivo del ejercito rebelde, la Revolución en persona.
Como Dios, esta en todas partes.
Y como en el principio fue el verbo, Fidel pronuncia maravillosos discursos y conversaciones de seis o siete horas diarias.
Se vivía de televisión. De palabras y esperanzas.
Casi no se vendian mas cuchillas de afeitar.
Nuevas barbas aparecian rápidas.
No me sentía bien de santón.
En la Sierra precise bien mi condición de civil. De miembro de la dirección del 26.
No soy militar.
Si al peligro. No al uniforme, disciplina y grados.
Pienso lo mismo: un director de periódico no debe ser militar ni barbudo.
Me corto las barbas y el pelo.
No soy mas un barbudo ni peludo.
Si no fui el primero, si el segundo. Y uno de los raros en desbarbarme.
Camilo se burlaba de mí: tuvo que darme un pase.
Y si antes no me paraban, ahora no podía entrar a ningún sitio.
Encuentro a Fidel en un consejo de ministros de Palacio.
Al verme sin barbas se irrita:
-Como te cortastes las barbas?
-Con el barbero.
-No podías cortarte las barbas. Son el símbolo de la Revolución. No te pertenecen. Son de la Revolución.
-Había mucho calor. Mi hijo no me reconoció; hacer el amor con barbas no me gusta- y agrego-: Mi función es civil. No militar.
-No podías cortarte las barbas. Tu siempre con tu cabeza dura. No se como pudistes.
-Pudiendo. Como el mexicano del cuento (quería suavizar la discusión). Mira, Fidel, yo creo que las barbas eran mias, no?
-No.No. Aquí nadie se puede cortar las barbas.
-Te puedo hacer una profecía? Verás que quedaran unas solas barbas: las tuyas. Queremos verlo?
Fidel corta la discusión entrando en el despacho presidencial.
Faustino Pérez, ministro de Recuperación de Bienes Malversados, se cortó tambien sus rubias barbas.
-No quiero que me confundan con Barbarroja, el comandante Piñeyro, que iniciaba su leyenda raulista, fusilado por la libre Oriente.
Eran muy pocos los que querian desbarbarse y Fidel no tuvo mayores preocupaciones.
Los problemas eran las jovenes barbas de la capital. Era la moda.
Innumerables chistes se contaban:
En cines, guaguas y otros lugares los barbudos no pagaban:
Un lampiño se sube a una ruta 32.
El conductor viene a cobrarle.
-Barbudo- responde el lampiño.
-De dónde?- le dice el guaguero.
-Servicio secreto- afirma el tipo, con gesto porno, entre las risas de los pasajeros.


Esto es una de las historias que cuenta Carlos Franqui en uno de los libros nuevos en mi mesita de noche,
"Retrato de familia con Fidel".
Carlos Franqui nació en Cuba en el 1921. Participó en luchas sindicales y universitarias. Su actividad de escritor y periodista no lo separó de la acción política. En 1955, creó en la clandestinidad contra Batista, el diario
Revolución y luego pasó a dirigir "Radio Rebelde" en la Sierra Maestra.
Este libro es su testimonio como alguien que vivió la Revolución desde adentro, siendo parte de los núcleos de poder y el cual de manera crítica, mediante monólogos, oraciones simples y poéticas expone sus vivencias y sentimientos de todo lo que aconteció en ese período de la historia cubana.


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